Sophia 41: 2026.
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https://doi.org/10.17163/soph.n41.2026.10
funCión de la induCCión y la Probabilidad
en el desarrollo de CienCia y filosofía
The Role of Induction and Probability
in the Development of Science and Philosophy
W O C M*
Universidad Politécnica Salesiana, Quito, Ecuador
https://ror.org/00f11af73
wcardenas@ups.edu.ec
https://orcid.org/0000-0003-4696-457X
R I S M**
Universidad Politécnica Salesiana, Quito, Ecuador
https://ror.org/00f11af73
rsanmartin@ups.edu.ec
https://orcid.org/0000-0002-7414-4598
Forma sugerida de citar: Cárdenas Marín, William Orlando & San Martín, Rómulo Ignacio. (2026). Función
de la inducción y la probabilidad en el desarrollo de ciencia y filosofía. Sophia,
Colección de Filosofía de la Educación, (41), pp. 341-372.
* Doctor en Filosofía, director de las carreras de Filosofía y Educación en la Universidad Po-
litécnica Salesiana de Quito, miembro del Grupo de Investigación Filosofías del Lenguaje y
de la Ciencia, donde dirige el proyecto de investigación “Humanidades e inteligencia artificial:
potencialidades y limitaciones a partir de una perspectiva interdisciplinaria. Sus líneas de in-
vestigación son lógica, epistemología, filosofía de la mente y de la inteligencia artificial, filosofía
práctica, gerencia y liderazgo organizacional. Google Académico: https://scholar.google.com/ci
tations?user=yt3Hlk4AAAAJ&hl=es
Índice h: 4.
** Doctor en Filosofía y profesor de la Universidad Politécnica Salesiana de Quito. Investiga acerca
del origen, procesamiento y cualificación del conocimiento dentro de la filosofía, las neurocien-
cias y la pedagogía. Google Académico: https://scholar.google.com/citations?user=yt3Hlk4AA
AAJ&hl=es
Índice h: 5.
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Función de la inducción y la probabilidad en el desarrollo de ciencia y losofía
e Role of Induction and Probability in the Development of Science and Philosophy
Resumen
El presente trabajo aborda el proceso de consolidación del método inductivo y el soporte que
brinda el desarrollo de la probabilidad para que aquel satisfaga los requisitos formales de validación.
La discusión por las limitaciones de la inducción a la luz del método deductivo imperante en
filosofía y ciencia tiene larga tradición, así se presta atención a los conceptos clave de la metodología
inductiva y de su soporte probabilístico con rangos de ocurrencia que se anteponen a los criterios
de la deducción basada en certezas, como el criterio de verdad o falsedad. Se argumenta que la
inducción probabilística es el mecanismo que posibilita el aumento del conocimiento filosófico y
científico, y nos cuida de caer en principios absolutos y, en muchas ocasiones, dogmáticos. Entre
los principales hallazgos se tiene que la inducción no responde a los cánones del conocimiento
visto desde la deducción, sino que inserta el concepto de incertidumbre, rompiendo así la tradición
aristotélica vigente hasta la Modernidad. Además, se aprecia que la inducción probabilística abre
la comprensión del conocimiento al desplazar la discusión desde la certeza absoluta para ubicarla
en el plano de las posibilidades, presentando así diversidad de mundos posibles sin que estos se
aparten de los datos reales recopilados por el investigador.
Palabras clave
Inducción, probabilidad, epistemología, filosofía de la ciencia, estadística, matemáticas.
Abstract
is paper addresses the process of consolidating the inductive method and the support provided
by the development of probability to satisfy formal validation requirements. e discussion on the
limitations of induction considering the prevailing deductive method in philosophy and science
has a long tradition, attention is paid to key concepts of inductive methodology and its probabilistic
support with ranges of occurrence that contrast with the criteria of deduction based on certainties,
such as the criteria of truth or falsehood. It is argued that probabilistic induction is the mechanism
that enables the increase of philosophical and scientific knowledge and prevents us from falling
into absolute and oen dogmatic principles. Among the main findings is that induction does not
adhere to the canons of knowledge from the deductive point of view, but introduces the concept
of uncertainty, thereby breaking the Aristotelian tradition prevailing until Modernity. Additionally,
it is observed that probabilistic induction expands the understanding of knowledge by shiing
the discussion from absolute certainty to the realm of possibilities, thus presenting a diversity of
possible worlds without deviating from real data collected by the researcher.
Keywords
Induction, Probability, Epistemology, Philosophy of science, Statistics, Mathematics.
Introducción
A lo largo de la historia de la filosofía y la posterior aparición de la ciencia
se tiene presente la controversia por el método que mejores aproximacio-
nes proporciona al conocimiento, centrando la discusión en dos métodos:
deducción e inducción. Los criterios de ambos métodos son diferentes
o, incluso, contradictorios; la deducción se basa en el criterio de certeza,
mientras que la inducción se mueve en el campo de la probabilidad. Este
trabajo centra su atención en la consolidación del método inductivo y del
soporte que brinda la probabilidad a este proceso, se argumenta que la
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inducción probabilística es el mecanismo que posibilita el aumento del
conocimiento filosófico y científico y evita caer en principios absolutos y,
en muchas ocasiones, dogmáticos.
Cuando se aborda al método inductivo es común escuchar que es
aquel que va desde lo particular a lo general, o de lo simple a lo complejo,
pero esas definiciones son básicas y solo marcan una pauta difusa sobre
lo que constituye el proceso inductivo. Para ubicar a la inducción de for-
ma simple se podría decir que inicia desde conocimientos particulares
hasta estructuras de conocimientos universales y, otra definición menos
debatida sería que es un razonamiento tal que la verdad de las premisas,
o hechos, no contiene la verdad de la conclusión,1 pero da razones para
que aquella sea aceptada como verdadera (Black, 1979). Cabe realizar una
aclaración, se nota cómo la inducción carece de certeza en su argumen-
tación e inserta la presencia de la incertidumbre en el conocimiento. Lo
anterior no implica que se descarte la inducción por no postular criterios
certeros, o verdaderos (Lamarre y Shoham, 1994; Peat, 2002; Pérez Ilzar-
be, 2004; Rosmini, 1991), pero invita a comprender que la certeza no es el
punto de llegada en este método, sino las razones que permitan aceptar la
posibilidad de ocurrencia de los supuestos teóricos postulados.
El objetivo de este trabajo es defender la inducción probabilísti-
ca como un mecanismo válido para generar conocimiento en ciencia y
filosofía, destacando su relevancia en la superación de los límites de la
deducción. Además, se analizará cómo el enfoque probabilístico permite
ampliar el horizonte de comprensión del conocimiento a través de la eva-
luación de posibles escenarios basados en datos empíricos.
El problema central radica en la falta de consenso sobre la vali-
dez de la inducción frente a la deducción. Históricamente, la deducción
ha gozado de mayor prestigio debido a su relación con la certeza lógica,
mientras que la inducción ha sido vista como un método inferior, debido
a su dependencia en la probabilidad y la incertidumbre. Este enfoque ha
limitado la comprensión de la inducción como una herramienta valiosa
en la producción de conocimiento. Este estudio defiende que la inducción
probabilística, en lugar de ser un método limitado, es fundamental para
el progreso científico y filosófico. A través del análisis de la probabilidad
como soporte metodológico, argumenta que este enfoque ofrece un mar-
co más flexible y realista para la validación de teorías, particularmente en
contextos donde la certeza absoluta es inalcanzable.
La relevancia de este estudio radica en que la inducción probabi-
lística no solo amplía las fronteras del conocimiento científico, sino que
también proporciona una alternativa metodológica a los enfoques más
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Función de la inducción y la probabilidad en el desarrollo de ciencia y losofía
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rígidos basados en la deducción. Al considerar la probabilidad como par-
te integral del proceso de inducción, se abre la posibilidad de abordar
cuestiones complejas desde una perspectiva que reconoce la incertidum-
bre inherente a la realidad. La discusión sobre la inducción y la proba-
bilidad sigue siendo de gran relevancia en la actualidad, especialmente
en un contexto donde los avances científicos en áreas como la mecánica
cuántica y la inteligencia artificial dependen de modelos probabilísticos
para hacer predicciones y validar teorías. La comprensión y aceptación de
la incertidumbre como parte del conocimiento es una tendencia cada vez
más aceptada en diversas disciplinas.
Para desarrollar este análisis, se realizará una revisión de literatu-
ra filosófica y científica relacionada con la inducción y la probabilidad. Se
adoptará un enfoque comparativo entre las teorías deductivas e inductivas,
analizando cómo la incorporación de la probabilidad en el método inducti-
vo puede resolver problemas tradicionales asociados a la falta de certeza en
este enfoque. Asimismo, se explorarán aportes de pensadores como Bacon,
Hume y Bayes, quienes sentaron las bases de la inducción probabilística.
El documento se estructura de la siguiente manera: en primer lu-
gar, se presenta el contexto histórico y filosófico de la discusión entre in-
ducción y deducción, destacando la evolución del método inductivo. En
la segunda sección, se examina la consolidación de este enfoque desde
Aristóteles hasta la Modernidad, considerando las críticas de Hume y los
aportes de Bacon. A continuación, en la tercera sección se analiza el papel
de la probabilidad en el soporte al método inductivo y cómo esta perspec-
tiva permite expandir la comprensión científica. En la cuarta sección se
profundiza en el modelo bayesiano y su impacto en la validación de hipó-
tesis en ciencia y filosofía. Posteriormente, se exploran las implicaciones
epistemológicas y metafísicas de la inducción probabilística. Finalmente,
se resumen los principales hallazgos y se defiende la relevancia de este
enfoque para el desarrollo contemporáneo del conocimiento.
Consolidación del método inductivo
Se puede rastrear la inducción hasta pensadores clásicos como Aristóteles
que, si bien defendió el uso de la deducción como sistema, no descartó
la existencia de procesos del conocimiento basados en algo que no sería
deductivo, sino inductivo (Aristóteles, 1995; Franklin, 2009; Llano, 1991;
Mosterín, 2006); con esto se tiene en cuenta la noticia recibida por me-
dio de los sentidos. Para la inducción los sentidos representan el primer
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paso que notifica acerca de la existencia de los objetos, es por ello por
lo que cuando se habla de experimentación se la entiende en términos
de datos observacionales, datos obtenidos por los sentidos que nutren al
conocimiento y permiten corroborar lo real, los sentidos son el vehículo
de conexión del mundo real con la estructura racional.
Si bien Aristóteles mencionó a la inducción, no le dedicó un estu-
dio detallado como a la deducción presente en su lógica silogística (Aris-
tóteles, 1995; Cárdenas Marín et al., 2017; Copi y Cohen, 2014; Gamut,
2002), por ese motivo no hubo mayor preocupación por un método que
no sea el deductivo entre sus seguidores clásicos y medievales; esto se
debe a que los sentidos y la razón están hechos para ver grandes magni-
tudes que tienen continuidad y progresión, en cambio la probabilidad es
una refutación a los datos que otorgan las grandes magnitudes. El desper-
tar del interés por la inducción apareció siglos más adelante, en la Esco-
lástica, con los estudios de Grosseteste (1942), como menciona Rivadulla
(1995a), con quien resurgió la preocupación por un método que conside-
re la experiencia y que permita corroborar la teoría a la luz de los datos
sensibles. Si bien su pensamiento aún está inmerso en la Escolástica, es
importante entender que, al considerar la valía de numerosos casos, el au-
tor empleó un proceso similar a la estadística, mismo que permitió tener
aproximaciones a una explicación confiable.
Ockham (1986 y 1988) también ofreció una situación alterna a la
explicación acerca de la ciencia, ya que junto con la episteme se tiene
que recordar a la doxa, que sin ser lógica deductivista, es la antesala para
dejarse llevar por los datos, así la opinión pone en duda psicológica la
deducción. De esa manera, Ockham insertó la idea de que se pueden con-
siderar otras vías no completamente deductivas en la construcción del
conocimiento que, si bien no descartan la validez de la deducción, inser-
tan cuestionamientos a la misma desde la comprensión de una realidad
que aporta datos que deben considerarse.
En la Modernidad surgieron aportes más contundentes en tor-
no a la inducción, es así como Bacon (2011), como menciona Rivadulla
(1995a), afirma que la ciencia deriva de la experiencia a través de la in-
ducción, de esta manera sentó el requisito de la inducción como camino
de obtención de conocimiento; a partir del empirismo llevó la compren-
sión de verdad al plano de los objetos con su comprensión de verdad
como correspondencia, no como coherencia (Rogers, 1985), es decir, más
allá de una clara consistencia lógica de postulados.
De acuerdo con San Martín (2005), la comprensión del cono-
cimiento como correspondencia entiende a la verdad como producto
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de dos vertientes, una objetiva y una subjetiva, dado que lo verdadero
parte de un sujeto que realiza la afirmación de algo fuera de ese sujeto,
que es el objeto; y, por otro lado, la coherencia radica en que la verdad
de los enunciados depende de las conexiones dentro de una totalidad
en la que no puede haber separación de lo verdadero, esto constituye un
monismo ontológico.
En la línea de Bacon lo verdadero es aquello que tiene un nexo
con lo existente que se da en la realidad y desde lo que se predicará algo
que capta esa realidad de la forma más objetiva posible. Deducir, por otro
lado, es como entrar en un remolino que está dando las vueltas en torno
a sí mismo, sin tomar en consideración datos diversos. La lógica deduc-
tiva no trabaja con existentes, sino con representaciones mentales de la
existencia, en cambio la inducción trabaja con existentes y no con repre-
sentaciones mentales. Lo que faltó a Bacon, y que en la actualidad tiene
relevancia, es la correspondencia metodológica, es decir, el nexo entre la
existencia y la lógica; en una sola palabra, lo probable.
La exactitud es un componente que está dado y se infiere por de-
ducción con o sin existentes, y, si lo hipotético y los hechos no tienen el
formato lógico, corren el riesgo de perderse en el psicologismo. Se debe
tener cuidado de no caer en una concepción de lo probable en la línea del
psicologismo ¿Cómo se puede solucionar aquello? Por medio del cálculo
de frecuencias, es decir que, teniendo en cuenta la totalidad de algo, el
existente variado entre propiedades, la presencia de mayores índices de
ocurrencia denota la probabilidad de lo mayor a expensas de lo menor, de
manera que lo probable no constituiría un psicologismo azaroso, sino un
cálculo a partir de las existencias.
El empirismo baconiano propuso nuevos instrumentos en la for-
mulación de teorías, con el procedimiento de inducción por eliminación
experimental de hipótesis mutuamente competidoras, por medio de las
llamadas tablas de ser o presencia (Rivadulla, 1995a). Este aspecto con-
lleva la comprensión lógica del modus tollens (Copi y Cohen, 2014; Ga-
mut, 2002; Suppes y Hill, 1988), dado que la negación del efecto esperado
conlleva, lógicamente, a la negación de la causa posible.
El método de eliminación constituyó un avance importante en la
forma de considerar el proceso inductivo. La inducción se había enten-
dido como la recopilación de datos y la aceptación de hipótesis a partir
de esas puntuaciones, pero aquella situación generaba un problema de
generalización apresurada, comprendida como falacia de falsa generali-
zación; de tal manera no fue posible sostener un camino completamente
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W O C M  R I S M
deductivo. Por su parte, cuando Bacon insertó el criterio de eliminación
cambió la consideración para aceptación de hipótesis.
En el método baconiano, al no haber datos suficientes que sosten-
gan un planteamiento hipotético, se procedía a dar paso a otra hipóte-
sis en competencia que ha tenido menor cantidad de datos eliminados.2
Ello podría sonar a una especie de falsación (Popper, 1980 y 2007; Pérez,
2004), ya que constituye una especie de psicologismo que no tiene susten-
to lógico, dada la ausencia de una dimensión lógica que la sostenga, pero
no incluye los elementos teóricos requeridos para que se considere como
tal. Para Bacon era necesario que se manipule el mundo con la finalidad
de escudriñar sus secretos (Hacking, 1996).
Lo anterior indica el proceso que tuvo que puntualizar Bacon para
una mejor comprensión de la realidad, y sucede que en la experimenta-
ción el investigador es capaz de salir de la noticia primera de los sentidos
y manipular la realidad para que arroje datos que apoyen o contradigan
las hipótesis. Sin embargo, el proceso inductivo de este pensador no es
suficiente para decir que la probabilidad entró como principio rector, ya
que Bacon aún tenía confianza en la obtención de la certeza (Black, 1979).
Así, no se deben entender sus avances como un paso abierto a las proba-
bilidades, porque en ese momento se desarrolló la física exacta con apor-
tes en gravedad y electromagnetismo. Solo a partir del siglo XX inició
la probabilidad como la comprendemos actualmente, precedida por los
postulados bayesianos del siglo XVI. La certeza continuó siendo, para Ba-
con, un criterio que debía satisfacerse. En esa vía entendemos que, si bien
existía cercanía con datos de la experimentación, estos siguieron anclados
en la necesidad racional, en la certeza derivada de la deducción (Stadler,
2004; Wilson, 1985). Con esto se entiende que la probabilidad, aún en la
inducción del siglo XVI, no es posible, porque se trabajó con el criterio de
exactitud y de relaciones de grandes masas.
En otras formas más simples la inducción apareció como un eje
rector, pero escondía un cuerpo deductivo bastante marcado, manifes-
tando que el asiento de la metodología inductiva, al menos en la teori-
zación de la época, respondía siempre a un esqueleto deductivo. Esto se
hizo presente en varias formas de aplicar experimentación, incluso en la
actualidad se aprecia esto cuando, por ejemplo, en un laboratorio un do-
cente establece las condiciones para realizar un experimento, pero antes
de realizar el experimento, los estudiantes realizan cálculos matemáticos,
entonces, una vez dados los resultados se pueden conocer, con aproxi-
maciones bastante certeras, los valores que el experimento reportará; es
posible, incluso, despojarse del componente real o material, dado que los
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eventos pueden ser analizados racionalmente y, si las premisas causales o
condiciones son apropiadas, el efecto deberá producirse. El ejemplo an-
terior no implica que se abandone la deducción de forma absoluta, pero
sí hace presente que la comprensión de inducción que ha llegado hasta la
actualidad tiene un trasfondo deductivo.
Se debe entender en este punto el problema de probabilidad. Acon-
tece que este problema no se gesta con la deducción de grandes magni-
tudes, aunque se relacione, pues la inducción está garantizada en la de-
ducción y en el criterio de exactitud. Compete entender la probabilidad
en términos de que la materia y la energía no son comprensibles como
realidades independientes y progresivas, sino correlacionadas y que avan-
zan con pasos irregulares.
La inducción apareció como soporte empírico y el método se fue
consolidando con los aportes de varios pensadores, pero no siempre hubo
consenso en la vía en que el método debía aplicarse para sostener las teo-
rías científicas esbozadas (San Martín, 2005). La otra cara de la inducción
es considerar la reducción hacia los fenómenos, de manera tal que la de-
ducción quedaría relegada para dar paso a la observación como fuente
primaria de datos. Si bien la observación ha conformado por largo tiem-
po parte de las ciencias de la naturaleza, no siempre fue el centro del mé-
todo científico (Nagel, 1991), pero no se debe generalizar que todo aquel
que experimenta hace contrastación de teorías a la luz de los datos obser-
vados y que esas observaciones nutren sustancialmente al conocimiento
(Hacking, 1996). Es decir, existen postulados que si bien aparentan tener
en cuenta datos obtenidos por la vía inductiva, tienen como base un com-
ponente deductivo.
En este punto se puede considerar a Galileo (Galilei, 2010; Cami-
lleri, 2015; Drake, 1975; Fehér, 1982; Fischer, 1986; Jardine, 1976), quien
con su experimentación mental puso en juego los datos de la observación
y el criterio deductivo de las matemáticas, es decir, generó una innovación
inductiva que permitió entender la vitalidad del dato e insertarla en la
cuantificación teórica (Rogers, 1985).
Si se entiende la consolidación de la inducción debe tenerse en
cuenta que no es un proceso derivado de un único pensador, sino que
existió un camino evolutivo de altos y bajos en favor del método y que
requirió el perfeccionamiento constante para enfrentar los diferentes ata-
ques que recibió con respecto a su estructura lógica.
Es evidente la continua tensión o retorno sobre la deducción que
se dio en la búsqueda del método que sustente mejor el conocimiento
científico, pero no puede negarse que el auge de la inducción sentó una
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pauta clave en la adquisición de este, a pesar de las inconformidades que
reportó para diversos pensadores; uno de estos fue David Hume, quien, si
bien enmarcó su pensamiento en la vía del empirismo, también presentó
las dificultades de una comprensión del conocimiento desde la inducción.
Hume mencionó el origen del término inducción usado por Aristóteles
que se relaciona con la universalización de casos particulares que caen
bajo determinadas consideraciones (Hume, 1984; Black, 1979), es decir
que inducir consiste en elevar a una teoría general los eventos observa-
dos, experimentados, siempre que se tengan en cuenta condiciones simi-
lares en la recopilación de esos datos. Se tiene que aclarar que esto aconte-
ce siempre para las grandes magnitudes, ya que la comparación entre los
cálculos macro y micro atómicos es diferente, ello porque se opera con
conceptos diferentes.
Mientras deducir consiste en partir de principios de razón, que
serían principios dados por el intelecto humano, es decir conocidos, la
inducción sostiene una incógnita del conocimiento, lleva al entendimien-
to a un plano de no conocimiento, de no certeza, de incertidumbre ante
lo que se podría encontrar. Es este criterio de incertidumbre el que no
tiene sustento lógico, desde un punto de vista deductivo, pero manifiesta
el peso de la valoración del dato observacional en la estructuración de
teorías científicas y filosóficas.
Más adelante Mill se centró en el estudio de la inducción y postuló
que este método consistiría en buscar causas, en una consideración cerca-
na a la idea que tuvo Hume. Como recurso metodológico el autor empleó
un método adaptado de la inducción por eliminación propuesta por Ba-
con y postuló los métodos de las concordancias, diferencias, conjunto, va-
riaciones concomitantes y de los residuos (Mill, 1973 y 1974; Black, 1979).
Como se puede notar los métodos de verificación de los postulados in-
ductivos se hicieron cada vez más exigentes, y permitieron tener mayor
control sobre lo experimentado. Los métodos planteados por Mill per-
mitían catalogar los datos observacionales y filtrarlos para mantener los
datos que reportasen mayor garantía explicativa. Si bien podría decirse
que el método de Mill restringía o reducía las explicaciones, debe tenerse
en cuenta que todos esos métodos versaban sobre datos que añadían no-
vedad al conocimiento, se aplicaban sobre la observación, de manera que
no constituían una restricción, sino una ampliación característica de lo
que se ha ido consolidando como método inductivo (Mill, 1973 y 1974).
El método de la inducción que se espera que sea el paso para la
comprensión de la probabilidad se cimentó con el empleo de las matemá-
ticas. Debe recordarse que en matemáticas antes dominaba la versión de
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Función de la inducción y la probabilidad en el desarrollo de ciencia y losofía
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la geometría euclidiana, así el común denominador fue el método lógico
silogístico, y la lógica deductiva no da paso a lo probable, sino únicamente
a la demostración de validez. Si la lógica silogística fuese probabilística,
entonces la tarea sería únicamente extraer conclusiones a partir de pre-
misas. Dado que no hubo contacto con lo empírico surgió la necesidad
de emplear las matemáticas, que permitieron el proceso vía abstracción,
contemplando casos singulares y a partir de esos casos pasar a lo proba-
ble, abriendo así el criterio de incertidumbre e indeterminación.
Por su parte, Black (1979) realizó una distinción de lo que general-
mente se conoce como inducción y en sus postulados aparecen términos
como educción (argumentaciones que van de particulares a particulares,
como decir cualquier a es b sin haber observado anteriormente que a sea
b), aducción (el caso más general de argumentación no demostrativa, la
noción clásica de inducción). Con el empleo de estos términos indicó que
la inducción no es una parte de la deducción. En adición a sus postulados
que realizaron la separación entre inducción y deducción, planteó los ti-
pos más frecuentes de argumentaciones inductivas, junto con un tipo de
argumentación deductiva:
Inducción elaborada: variantes de inducción por simple enume-
ración (selección de individuos nombrados en las premisas).
Inducción proporcional: inferencia desde la frecuencia de ocu-
rrencia de algún carácter en una muestra, a la frecuencia de
ocurrencia del mismo carácter en la población original.
Educción proporcional: argumentación de una muestra a otra
(premisas del mismo tipo).
Deducción proporcional: (silogismo estadístico) va de m/n de
los C son B (donde m/n es mayor de 1/2) y de A es un C” a
A es un B. Algunos autores consideran que la enumeración
simple es en cierto sentido la más fundamental (Black, 1979).
Como se puede apreciar, las argumentaciones presentadas hacen
manifiestas las formas inductivas que se emplean en la conformación de
teorías estructuradas bajo esa metodología, formas que tienen como base
enumerar los datos observacionales.
Debe notarse que el método inductivo se fue consolidando desde
procesos simples de enumeración hasta llegar a modelos más avanzados
que requirieron la colaboración de otras herramientas de validación de la
información, una de esas herramientas fue la estadística que dio paso a la
comprensión probabilística del método inductivo.
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De acuerdo con Bird (2011), cuando se hace referencia a la induc-
ción se entiende que es un camino que parte de lo observado para llegar a
lo no observado, pero esto es una confusión, ya que las premisas de las in-
ferencias inductivas pueden resultar de inducciones previas. El autor hizo
esa aclaración para que se comprenda que no siempre que se supone un
procedimiento como inductivo se estarían aplicando procesos puramen-
te inductivos, sino que debe tenerse claro que existen ciertas falencias en
las consideraciones metodológicas que se tendrán en cuenta al momento
de elevar teorías. Además, téngase en cuenta que no existen programas
metodológicos puros, es decir, que respeten una sola metodología ya sea
deductiva o inductiva, sino que existen momentos en los que una teoría
tiene soporte empírico y otros en los que tiene soporte racional, eso ma-
nifiesta una estructura de ayuda en la metodología de la ciencia.
Debe entenderse que cuando se emplea el término premisa en ló-
gica inductiva, no se hace referencia a postulados similares a aquellos em-
pleados en deducción, sino que simplemente se emplean como sinónimo
de aseveración, sin que esta se cimiente en verdades de razón. Cuando se
tienen datos más o menos aseverados comienza el camino de la ciencia,
que es conocimiento, y ello no es sino mentalizar el dato y en ese momen-
to obtener deducción. La mente, regularmente, hace deducciones de datos
ya asumidos, en cambio la ciencia dinámica construye conocimiento a
partir de la incertidumbre de los datos.
Además de la enumeración de datos obtenidos por experimen-
tación, la inducción debe tener una estructura inferencial. La inducción
proporciona datos que nutren estados mentales en el observador, de ma-
nera que no sería posible entenderla desde la pura referencia (Kuipers,
2004). Los estados mentales se ven nutridos por la inducción y permiten
elevar teorías desde la observación, siempre que se respeten o tengan en
cuenta los lineamientos metodológicos. Adicional a ello, cabe recalcar,
que las teorías obtenidas a partir de la inducción observacional pueden,
sin restricción alguna, servir de soporte para nuevas teorías inductivas.
Esto inserta novedad en la comprensión de la inducción, ya que las teo-
rías inductivas pueden sostenerse a manera de cadena, algo que en otras
comprensiones no resulta posible, dado que el soporte de la inducción
solía tener algún componente deductivo.
Un autor que estructuró sus postulados en torno a un sistema me-
todológico alterno a la deducción fue Peirce, quien sostuvo la capacidad
de la inferencia inductiva para elevar hipótesis que se muevan desde los
efectos hacia las causas (Peirce, 1957; Niiniluoto, 2004). Esto proporcio-
na la comprensión de la inducción como un sistema que permite inferir
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Función de la inducción y la probabilidad en el desarrollo de ciencia y losofía
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hacia una explicación, cuyos postulados hipotéticos tienen la solvencia
inferencial suficiente como para sostener la explicación en los datos
observados.
Lo mencionado se debe entender en términos de lo probable,
que constituye la condición de la inestabilidad de los datos que no son
asimilados en el programa mental, hay una posición de asimetría, una
asincronía de datos que no calzan. En la física de las grandes magnitudes
esos datos calzan de inmediato, pero a nivel micro no se acomoda. La
solución es la probabilidad, que da sentido a la mutabilidad del dato y
la flexibilidad de la mente. Así, se comprende que la inducción no es un
cuerpo metodológico derivado de la deducción, que siembra sus raíces
en ella y que su alcance está validado por las limitaciones de necesidad o
suficiencia que establezcan los principios racionales, sino que se estructu-
ra como una metodología alterna, que escapa de los criterios deductivos
y que toma los datos de la realidad como punto de partida para inferir
teorías que aumentan el alcance del conocimiento, de manera tal que ex-
panden los estados mentales, no se restringen a las condiciones racionales
del investigador.
Si bien la inducción presenta una estructura que puede sostenerse,
uno de los problemas que suelen aparecer es que se la analiza desde cate-
gorías deductivas, una de estas categorías es la verdad propia de un crite-
rio deductivo de certeza. Pero incluso cuando se inserta la duda acerca de
la verdad de las inferencias inductivas, hacen su aparición defensas por
parte de realistas científicos que sostienen que incluso las mejores teorías
deben aproximarse a la verdad (Niiniluoto, 2004).
La predicción es una combinación de datos proposicionales capa-
citados para deducir; en efecto predecir no es otra cosa que la aplica-
ción de la deducción por la seguridad de los datos. En la probabilidad, en
cambio, no se puede predecir, sino calcular posibilidades de ocurrencia,
es así como queda un margen de error y de gestión propia del dato. Las
matemáticas constituyen la ayuda ponderable en otorgar algo de certeza
a la probabilidad.
La comprensión de teorías aproximativamente verdaderas hace su
llamada a un principio sobre el que la inducción se asienta y que le da el
sustento racional que durante siglos se le exigió para sostener un correla-
to racional, matemático, y es la probabilidad.
Hasta el momento se ha abordado la inducción como la metodo-
logía que da paso a la probabilidad. Es cierto que de la deducción no
se podrían calcular probabilidades pues sería un absurdo, aunque de la
inducción se obtendrían esas probabilidades sin contradicción; pero solo
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cuando se pasa al mundo infinitesimal que, en última instancia, es el que
sostiene la realidad. La inducción es la puerta de entrada a la probabili-
dad, pero no la inducción de grandes magnitudes, sino aquella que radica
en el cálculo infinitesimal.
Probabilidad inductiva como principio metodológico
El método inductivo ha tenido extensa revisión a lo largo de los siglos y
se ha visto sometido a pruebas y críticas que han hecho posible su revi-
sión y perfeccionamiento de criterios. La comprensión de la vía inductiva
no consistió necesariamente en entender el conocimiento en términos
de probabilidad; esto indica que inducción y probabilidad no nacieron
juntos como un método, sino que el proceso de revisión teórica permitió
a los investigadores insertar los criterios probabilísticos en el método in-
ductivo, de manera que este gane terreno y tenga validez.
Tratar sobre probabilidad lleva a trabajar con estadística, y mover-
se con estadística acarrea comprender principios de cálculo matemático.
Por este motivo en el análisis que prosigue se tendrán en cuenta estos
conceptos para comprender cómo el principio de probabilidad ayuda al
método inductivo en el avance del conocimiento filosófico y científico.
El concepto de lo probable no es algo reciente, sino que a lo largo
de la historia humana se pueden rastrear los intentos por establecer índi-
ces estadísticos, incluso hasta el antiguo Egipto, relacionados con el esta-
blecimiento de censos numéricos que permitirían definir diversas líneas
de acción (Maistrov, 1974), es decir que las posibilidades de ocurrencia
han estado presentes en la comprensión humana por largo tiempo.
El concepto de lo probable apareció en tiempos remotos de la hu-
manidad, y el término no se acuñó en primera instancia como se lo co-
noce, sino que estuvo ligado a la aleatoriedad junto con las categorías
matemáticas que permitieron comprender la mayor o menor posibilidad
de ocurrencia de ciertos hechos, basados en las repeticiones observadas
(Rivadulla, 1995b). El cálculo probabilístico surgió con la aplicación de
las matemáticas a los casos observados, en los que las repeticiones per-
mitieron establecer una tendencia. La inserción de las matemáticas en los
datos observados permitió al ser humano pronosticar acontecimientos y
medir las mayores y menores posibilidades y, con base en esas medicio-
nes, tomar decisiones en diversos campos.
De acuerdo con Maistrov (1974), en el siglo XIV varias asegura-
doras de navíos mercantes se establecieron en Italia y Holanda y se en-
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cargaron de asegurar las cargas que se movían entre continentes. Esas
compañías llevaron a cabo cálculos de posibilidades sobre los riesgos
relacionados con las cargas. Este abordaje del uso de cálculo de probabi-
lidades permite comprender que, como en varias dimensiones de la vida
humana, algunos instrumentos surgieron a partir de necesidades prácti-
cas antes que requisitos del conocimiento científico, pero sus aplicaciones
abrieron un campo que permitió establecer principios aplicables a la ad-
quisición del conocimiento a nivel general. La teoría de la probabilidad,
como se ha notado, encontró su desarrollo en necesidades prácticas del
ser humano, pero en el siglo XVII se consolidó como un proceso cien-
fico, sin olvidar que varias de las herramientas surgieron del campo del
azar y de las apuestas y proporcionaron datos valiosos para el desarrollo
de la ciencia.
Maistrov (1974) postuló el papel enriquecedor de los juegos de
azar en el desarrollo inicial de la teoría de la probabilidad, y sigue sien-
do un recurso didáctico en la actualidad recurrir a juegos de azar como
punto de partida para la comprensión de teorías probabilísticas. Hay que
entender que esos juegos motivaron el desarrollo de una teoría de la pro-
babilidad más detallada que permitió describir mayor cantidad de fenó-
menos y resolvió diversos problemas, aunque la teoría de la probabilidad
adecuada a la ciencia no se restringe únicamente a juegos, sino que avan-
zó a un nivel diferente de conocimiento.
Ubicar el punto de partida de la teoría de la probabilidad en el
método científico resulta un tanto complejo debido a la proximidad con
las dimensiones prácticas de la vida humana, pero es posible alegar que
con Descartes (2006) se abrió el camino del escepticismo y Pascal (2014)
colocó a Dios no como algo certero, al estilo cartesiano, sino que ubicó
un plano de probabilidad, Dios es la mejor apuesta, la mejor probabilidad
posible (Hájek y Hartmann, 2010). Estas constituyen dos formas de pen-
samiento que rompieron con la idea de certidumbre e insertaron la duda,
la posibilidad y perfeccionamiento constante del conocimiento humano,
un sistema de probabilidades.
El modelo basado en certezas, si bien proporcionaba seguridad ra-
cional y encontraba validación en criterios de necesidad, empezó a mos-
trar limitaciones cuando se trataba de obtener datos de la realidad, los
filtros eran diferentes, y se requerían nuevos mecanismos para registrar
esos datos, por ello se empezó un abandono progresivo de la búsqueda de
la certeza absoluta (Rogers, 1985).
Es adecuado tener en cuenta que a pesar de que se dio el giro co-
pernicano en la ciencia en el siglo XVI (Copérnico, 1987) y se declaraba,
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con razón parcial, el fin del aristotelismo, que era la mentalidad domi-
nante en todo occidente, la nueva ciencia seguía siendo aristotélica en
cuanto a la consideración de las grandes magnitudes. Así, la gravedad y
el electromagnetismo son consecuencias científicas del aristotelismo, por
el grado de certeza y determinación. El fin del aristotelismo y de toda la
versión antigua se da con el nacimiento de la teoría cuántica, misma que
abrió camino a la incertidumbre e indeterminación: la ciencia, en su cam-
po definitivo se vuelve probable en el siglo XX con la mecánica ondula-
toria de Schrödinger (Restrepo Echavarría, 2024) y la mecánica matricial
de Heisenberg (1975). Cuando estos científicos hicieron que las certezas
tambaleen, marcaron que el conocimiento científico requiera pilares em-
píricos y racionales para sostenerse de mejor manera (Hacking, 1996).
El criterio de razón y experiencia no son probables en la vieja cien-
cia, la razón es para elementos independientes y progresivos que se re-
lacionan con los experimentos que tienen esa virtud. La razón se volvió
probable cuando no conoció la realidad escondida y debió hipotetizar; en
efecto, lo escondido se conjetura porque no se puede experimentar, en-
tonces, es indeterminado, como ejemplo se tiene el gato de Schrödinger.
Al someter la certeza a duda se dio paso a la incertidumbre, pero
ello no indica que todo conocimiento tuvo la categoría de incierto, sino
que se empezaron a buscar mecanismos para comprenderlo de forma más
o menos plausible, probable. Al respecto, Hacking (1991) y Black (1979)
mencionan que la probabilidad no constituye una disciplina matemática
cualquiera, sino que lleva consigo uno de los éxitos más notables de la
Modernidad al permitir el abordaje de la metafísica y de la epistemología
con una metodología unificada.
El proceso de consolidación de la probabilidad en la ciencia se fue
dando paulatinamente, y es visible que los pensadores paso a paso iban
encaminando sus estudios a fortalecer dicha teoría fuera de la compren-
sión de los juegos de azar. Cabe mencionar que el término probabilidad
aún no se acuñaba en estos autores, teniendo solo unas cuantas aparicio-
nes en los escritos de la época (Rivadulla, 1995a).
Los términos recurrentes, como se puede notar, se anclaban en la
tradición de uso de los cálculos estadísticos, y aún no lograban consoli-
darse como teoría de la probabilidad. Se atribuye el origen del término
probabilidad a Bernoulli en su obra Ars Conjectandi (1713; Rivadulla,
1995b), con el autor es posible marcar la delimitación de la teoría de la
probabilidad como estudio científico. Los avances de Bernoulli en ma-
teria de probabilidad sentaron las bases sobre las que pensadores mo-
dernos y contemporáneos estructuraron sus teorías. La demostración de
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Bernoulli muestra la relación entre el número n de observaciones que
tienden al infinito en relación con la no desviación de la probabilidad p
(Bernoulli, 1713; Rivadulla, 1995b), así:
ε ε
Esta fórmula de probabilidad sienta las bases matemáticas y epis-
témicas necesarias para iniciar diversas formas de validación dentro del
cálculo de probabilidades y permitió recalcar que la naturaleza de la pro-
babilidad proviene de una vertiente matemática y una empírica.
Si bien se aprecia el empleo de términos propios de la inducción
como observación, datos, base empírica, la probabilidad no surgió a la par
con la inducción, sino en un mundo práctico del ser humano y luego en-
contró su camino específico como disciplina matemática. En ese trayecto
se debe reconocer el valor de la estadística en la consolidación de la teoría
de la probabilidad (Maistrov, 1974). Además de proponer un sistema esta-
dístico en el conocimiento, Bernoulli procuró dar un sustento epistémico
al principio de probabilidad al plantear que esta debe ser medible en tér-
minos de proporción (Rivadulla, 1995b, p. 56), connotación que es clave
en todas las fórmulas probabilísticas.
Más adelante, la teoría de probabilidad encontró nuevas formas de
especificarse como disciplina matemática. A la par con la consolidación de
la teoría de la probabilidad, se hizo visible una metodología inductiva con
dificultades en su soporte formal pero que puso en duda las certezas de-
ductivas. En ese punto los pensadores notaron que la probabilidad podría
brindar ese cuerpo lógico a la inducción, y permitiría expandir los hori-
zontes de comprensión tanto del método inductivo como del principio de
probabilidad. Es en ese proceso de acomodación entre inducción y proba-
bilidad que se empezaron a establecer criterios que permitan entender el
conocimiento desde un nuevo horizonte de comprensión (Black, 1979).
Mientras se tenga la probabilidad como elemento matemático, esta
no es relevante para la filosofía, pero cuando se torna en debate episte-
mológico, es decir en la construcción de las teorías científicas junto con
su validación, la probabilidad entra de lleno en la filosofía. En este sentido
se puede acotar que el punto no es solo epistemológico, sino metafísico,
puesto que permite la comprensión de las modalidades del ser, saliendo
del campo de exactitud y de certeza que se propone desde el horizonte del
aristotelismo. Si se tuviese que dividir el horizonte de la ciencia, aparece-
rían solo dos posibilidades: la aristotélica y la probabilística.
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La inducción probabilística ubicó una nueva forma de entender las
teorías científicas, y permitió explorar nuevas formas de elevar hipótesis,
a la vez que dejó de lado la necesidad de certezas en las teorías, para dar
paso a las posibilidades de ocurrencia.
Más adelante, Peirce (1957) se preocupó por dar sustento a la pro-
babilidad en su ayuda al método inductivo, esto lo busca en una media-
ción entre la deducción estadística y la abducción (Black, 1979). La pro-
babilidad se mueve entre la razón y el caso, entre las matemáticas, que
tienen un componente deductivo innegable, y el caso, que parte de la re-
copilación de datos observacionales; y es por ello por lo que para Peirce
es importante comprender que las hipótesis y las teorías inductivas, si
bien tienen instrumentos específicos, deben tener en cuenta soportes es-
tadísticos de naturaleza racional. Cuando no se tiene conocimiento de la
estructura de algo, tanto de su funcionalidad como de sus consecuencias,
la probabilidad entra en acción. Algo es probable mientras no se conoce
el comportamiento de los datos y de la combinación de esos; en efecto, lo
probable es una teoría en la que las combinaciones habituales no bastan
y se realizan más posibilidades de combinación, entonces el campo de
probabilidad es la extensión de la lógica en sus posibilidades.
Para Peirce la probabilidad encontraba mejor asiento en la esta-
dística que en el caso. Ello se debía a que, según él, los determinismos
carecían de validez y era preferible sustentar el conocimiento en valores
constantes (Hacking, 1991), mismos que radicaban en los valores numé-
ricos establecidos por la estadística, de ahí surgía su comprensión de la
inducción. Su comprensión determinista de la inducción probabilista se
basó en las formulaciones matemáticas que él revisó (Black, 1979) y que
parecieran marcar un determinismo a la forma de entender las explica-
ciones científicas.
La consolidación de la inducción probabilística aconteció más
adelante con autores interesados en dar mayor estructura a un método re-
lativamente joven y en desarrollo. Carnap (1969) buscó alternativas para
sostener lógicamente la inducción, y entre ellas encontró en la probabili-
dad una vía factible al entenderla como credibilidad racional y como fre-
cuencia relativa límite de ocurrencias (Black, 1979), pero fue un intento
incompleto o excluyente, ya que no hay razones suficientes para recono-
cer diferentes sentidos de probabilidad: una a priori y otra empírica. La
inconsistencia en este intento de diferenciación de una probabilidad a
priori con una empírica por parte de Carnap no excluye el reconocimien-
to que debemos conferir al autor en sus avances probabilísticos.
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Función de la inducción y la probabilidad en el desarrollo de ciencia y losofía
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El sistema del cálculo de probabilidades insertó la idea de que los
datos observados pueden ampliar el conocimiento en la medida en que
las frecuencias de observación aumentan. Si bien el observador no tiene
la capacidad de captar la totalidad de eventos de una clase, a medida que
los registros observacionales crecen se da mayor posibilidad de ocurren-
cia de una hipótesis. La versatilidad de la probabilidad radica en que no
se encuentra anclada en la mente del investigador a manera de principios
de razón, sino que expande la visión a registrar los hechos, y estos hechos
no serán abstraídos a priori, sino que se da el beneficio del registro de
información objetiva.
Los elementos lógicos son propios de la mente, sincronizados con
los hechos. Los acontecimientos no pueden ser los que se digan proba-
bles, estos solo acontecen, pero la mente no solo busca respuestas, sino
significados. En ocasiones se tienen las respuestas, pero inmediatamente
entran en una red de significados, y ello es producto de la mente. No hay
significados por sí solos, sino en relación. La probabilidad no es solamen-
te una respuesta a los fenómenos indeterminados, sino la otorgación de
significados. Las matemáticas con la estadística permiten la apertura a las
respuestas de la probabilidad, pero la filosofía queda marcada para abrir-
se, con la lógica, al significado de la probabilidad, que es la que dará pie a
la construcción de la teoría, esto es de la epistemología. Se tiene aquí uno
de los aportes que proporciona la probabilidad inductiva a la construc-
ción de teorías filosóficas.
Con la inserción del principio de probabilidad en el método induc-
tivo, se abrió un nuevo campo de investigación de la realidad, una for-
ma de comprender al conocimiento y explicar al mundo no solo desde la
mente del investigador, sino teniendo presente que los datos proporcionan
información de valor que puede ser categorizada y permite ampliar la ex-
plicación científica (Rivadulla, 1994). Esta constituye la base de la induc-
ción probabilística, que si bien no guarda la categoría de discriminación
inmediata de ser verdadero o falso, como se hace con principios deduci-
dos, proporciona un acercamiento progresivo a mejores explicaciones.
En la probabilidad se hace presente el mismo criterio que en la cien-
cia de las grandes magnitudes, no es el experimento el que decide, sino el
argumento, ello indica que la probabilidad no tiene su fuerza argumenta-
tiva en el dato, ya que este solo proporciona la perturbación y posibilidad
en ese experimento, quedando al margen otras posibilidades. Entonces,
el científico y el filósofo no son verificadores de la experimentación, sino
argumentadores de la teoría y esto abre una gama de significados.
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Una de las críticas a la inducción versa sobre su carencia de es-
tructura lógica; pero, la probabilidad apareció para proporcionar el
soporte lógico que se requería de ella. A partir de la consolidación del
vínculo inducción-probabilidad, resulta un error pensar al método in-
ductivo separado de esa disciplina matemática. Téngase en cuenta que
no siempre que se calculan probabilidades se sigue el método inductivo,
la deducción también puede usarlas (Hacking, 2009). La probabilidad
tiene una estructura estadística, por ende, matemática, y se entiende des-
de un principio que las matemáticas son la mejor ejemplificación de la
deducción. Con esto no se indica que la inducción probabilística realice
un préstamo metodológico a la deducción, sino que el esquema del cál-
culo de probabilidades tiene un sustento lógico que permitiría validar la
vía inductiva.
La diferencia de la inducción con la deducción no radica en el sis-
tema lógico que sigan para validarse, sino en la fuente inicial del conoci-
miento: datos o razón. En la inducción probabilística lo observado sirve
para nutrir una hipótesis que será más o menos aceptada en conformidad
con los datos empíricos recopilados. El registro de datos para la probabi-
lidad da paso a que lo observado se registre a manera de proposiciones,
enunciados susceptibles de valoración, que sirvan de sustento argumen-
tativo y que surjan de experimentos controlados (Bunge, 1980).
Es evidente que las teorías científicas surgen para explicar la reali-
dad a nivel parcial, y cuando se trata de inducción probabilística se debe
considerar que el proceso es progresivo; sería un error considerar que las
observaciones e hipótesis que surjan se eleven de inmediato a compren-
siones generales, sino que se mantienen en un nivel de particularidad,
enunciados singulares que pueden constituir sistemas generales de expli-
cación conforme se incorporen mayores datos.
Los argumentos en favor de los aportes de la probabilidad a la me-
todología inductiva son variados. El recorrido por la argumentación pro-
babilística tuvo varios pensadores que fueron dando forma a los instru-
mentos empleados, con la finalidad de modelar un sistema más confiable
que permita tener mejores aproximaciones a teorías aceptables. Entre los
diferentes planteamientos probabilísticos que se realizaron en el camino
de defensa de la metodología inductiva existe uno que tuvo mejor re-
cepción y revisiones continuas, este fue el planteamiento bayesiano, con
el que se pudieron explorar diferentes formas de validar los datos de la
experiencia en relación con la recopilación estadística de los mismos.
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Aportes de la probabilidad bayesiana
En el punto anterior se revisó que la probabilidad tiene una historia infor-
mal, en la que el término no se empleaba como se conoce en la actualidad,
y una formal, cuando se empezó a usar el término como se lo conoce
actualmente. En ese ir y venir de adecuaciones teóricas hubo aportes para
su estructuración formal.
Entre los autores que postularon teorías probabilísticas se encuen-
tra Bayes (1763), quien llama la atención de los investigadores porque su
propuesta formal asume categorías que proporcionan criterios de valor
para la defensa de la inducción y para la sustentación de hipótesis en el
cálculo probabilístico. Es necesario analizar los planteamientos bayesia-
nos porque su enfoque sustenta lo que se conoce como su lógica induc-
tiva, concepción que da a entender una forma de otorgar validez a un
sistema que fue criticado por la carencia de ese fundamento (Pinto, 2002).
El sistema bayesiano reporta vital importancia en el estudio de la
inducción probabilística, ya que el autor no solo se preocupó por sostener
el método inductivo teóricamente, sino que buscó la formulación proba-
bilística que permita definir los criterios de validación de esa metodolo-
gía. El sistema lógico de Bayes postula diferentes tesis en torno a la pro-
babilidad. Llama la atención que este involucra los sistemas de creencia
de los individuos y el cálculo probabilístico permitiría medir los grados
de esos sistemas.
Aparece en este momento un rango habitual en el cálculo de pro-
babilidades que conlleva a la medición de grados de confiabilidad entre
1 y 0. Este sistema es llamativo por la cercanía al sistema lógico matemá-
tico, pero, a pesar de guardar cierta relación con este, Bayes involucró el
espacio entre estados de certeza para indicar el mayor o menor grado de
confiabilidad que un sistema de creencias puede aportar. Debe tenerse en
cuenta que la probabilidad no admite grados de creencia superiores a 1 ni
negativos, ello porque existen dos extremos que no pueden ser rebasados,
o bien una creencia puede aproximarse al valor máximo de estado ver-
dadero o se moverá hasta acercarse al máximo al otro extremo, hacia un
estado de falsedad de la aseveración realizada.
En esta forma de graduar las creencias Bayes encontró un meca-
nismo para ubicar criterios verificables que permitieron procesualmente
establecer valores contrastables a los datos obtenidos vía inducción (Bird,
2011). Así vista la probabilidad bayesiana no postula estados de afirma-
ción definidos, sino que presenta un carácter aumentativo, incrementa
las posibilidades de creencia en conformidad con los nuevos datos que se
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obtengan. De esta manera Bayes tuvo en cuenta que la forma inductiva
se estructura a partir de los estados mentales del investigador en la ob-
servación de los hechos, y que cada nuevo dato recopilado incidirá en la
creencia del observador.
Cuando se habla de grados de creencia del observador existe el
riesgo de interpretar la inducción probabilística como algo subjetivo;
debe tenerse en cuenta que no es subjetivo en la medida en que las ase-
veraciones no surgen del intelecto del individuo, sino que parten de la
recopilación de datos y desde ese punto son elevados a la comprensión
del investigador, por ello sirven de argumento para definir la graduación
de las creencias establecidas en las hipótesis. Los postulados bayesianos
dejan abierto el campo de comprensión de la realidad, es decir que las
teorías no se restringen únicamente a nutrir un cuerpo de creencias y
marcarlo como algo definitivo, sino que permiten contemplar las teorías
conforme la recopilación de datos se amplía (Chalmers, 1999).
Debe tenerse en cuenta que la epistemología bayesiana no es solo
recopilación de datos, pues se caería en un referencialismo al estilo aris-
totélico, pues de manera inconsciente se sostendría que es el dato el que
construye la probabilidad, por tanto, la que decide es la teoría. Este aspec-
to es contradictorio con el principio ya dado, entonces se considerará que
no es el experimento el que decide, sino el argumento. Si no es solo el dato,
sino la interpretación y significado del dato producto del análisis lógico,
entonces interpretar no es reproducir el dato, sino buscar significados que
conlleva el empleo de conectores lógicos. El dato desde la lógica puede ser
combinado en tantas formas posibles hasta llegar a la contradicción, que
constituye la frontera de toda ciencia y filosofía. El límite de la probabi-
lidad es la contradicción, no el dato sino las combinaciones que se han
hecho del mismo. Esto genera un nuevo panorama de la comprensión de
la inducción con el soporte de la probabilidad bayesiana. Inducir no con-
sistiría en elevar una recopilación particular a un postulado general de
forma inmediata, sino en una serie de procesos que van nutriendo las ase-
veraciones y que, inclusive, permitirán corrección de las afirmaciones an-
teriores de acuerdo con los datos que se obtengan de la experimentación.
La inducción probabilista establece una relación de búsqueda que va
del efecto a la causa, a diferencia de la deducción que se encarga de definir
las causas necesarias para las explicaciones de los efectos. El teorema de
Bayes marca de forma clara esa premisa inductiva, de la siguiente manera:
Tenemos un suceso B (los datos) y queremos saber si ha sido producido
por una de las causas A1, A2, (…) An (una serie de hipótesis científi-
cas rivales; son las posibles causas de B). Se conocen las probabilidades
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P(A1), P(A2), (…) P(An), es decir la probabilidad inicial de cada una de
las hipótesis rivales, así como las probabilidades P(B/A1), P(B/A2), P(B/
An) o verosimilitud de obtener los datos B dependiendo de cuál de las
hipótesis es cierta. Entonces, la probabilidad P(Ai /B) (probabilidad final
de que la hipótesis Ai sea la verdadera, una vez que hemos obtenido los
datos B) viene dada por la siguiente expresión (Díaz, 2007, pp. 12-13).
El cálculo de probabilidades dentro del planteamiento bayesiano no
se encarga de detallar la posibilidad de ocurrencia de una única hipótesis
elevada a partir de los datos, sino que conlleva un análisis más detallado.
A partir de los datos observados, surgirán varias hipótesis que podrían
explicar la causa de dicho efecto, cada una de las cuales se ampara en los
datos recopilados, es decir no son hipótesis desconectadas de los eventos.
La práctica de ir de lo condicionado a las condiciones estuvo pre-
sente en Hume (1984) y en Kant (2004), sin embargo, aquello no indica
que se trate de un trabajo probabilístico, sino un elemento de crítica. A
nivel de probabilidad matemática habrá muchas posibilidades, justamen-
te por las hipótesis, pero es a nivel filosófico donde la probabilidad asume
el rol de crítica. La versión de la deducción y el referencialismo no son
formas críticas de presentar la ciencia, dada la ausencia del dato y el pi-
lotaje de la sola razón, llegando al dogmatismo en la ciencia, es más ni
siquiera podría llamarse ciencia, a lo sumo filosofía dogmática. La crítica
es probable porque pone en diálogo los elementos lógicos con los hechos,
presentando alternativas que no se agotan en un punto de vista y en cri-
terios únicos de verdad, sino en posibilidades. Desde esta perspectiva se
podría decir que la crítica es la versión filosófica de lo que es probable.
La probabilidad de las explicaciones hipotéticas se consolida a me-
dida que la realidad proporcione datos que den mayor o menor evidencia,
y se puede discernir entre esas hipótesis en conformidad con los valo-
res presentados en la formulación matemática. Así, el teorema bayesiano
sirve como un criterio discriminador entre hipótesis competidoras, un
sistema que emplea valores estadísticos pero que son alimentados por
la recopilación experimental. La fórmula de Bayes (1763) es la siguiente:
Esta fórmula permite entender que la probabilidad de que una cau-
sa o hipótesis n, sea mayor o menor depende de la razón entre la relación
entre el efecto y la hipótesis n, y la sumatoria de probabilidades del efecto
sobre las causas iniciales. Entendemos que en el proceso de validación
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de nuevas teorías cada hipótesis n pasará en la siguiente consideración a
sustituir la hipótesis i.
Lo que el teorema bayesiano insertó en la probabilidad inductiva
conlleva un uso estadístico que va de lo particular a lo general, es decir
de la muestra a la población, pero no de forma directa, saltando reglas de
razonamiento, sino que se va consolidando de forma progresiva, en una su-
peración reiterada de hipótesis en competencia, en las que una hipótesis n
podrá ser aceptada como más o menos probable, e incluso descartada, con-
forme los datos vayan proporcionando evidencias afirmativas o contrarias.
Varios han sido los seguidores del camino bayesiano de la probabi-
lidad inductiva, entre ellos se podría mencionar a de Finetti (1972), para
quien razonar inductivamente no es otra cosa que calcular p (h, e), la
probabilidad de h después de la observación de e, de acuerdo con el teo-
rema de Bayes (Rivadulla, 1995a), donde e está dado por las evidencias
empíricas o datos experimentales, los efectos. Comprender el rango de
probabilidad de una hipótesis entre los valores 1 y 0 conlleva a tener la
noción de que ninguna posible explicación puede ser descartada a priori,
sino que se requiere el informe observacional e que apoye o descarte di-
cha explicación como causa posible del efecto.
La evidencia o dato empírico constituye un argumento de peso en
la inducción probabilística, a diferencia de lo irrelevante del dato en la
deducción, en esta metodología su valor es alto, ya que tiene la capacidad
de incrementar el grado de aceptación de una hipótesis en función de las
observaciones; esas observaciones deben seguir patrones que permitan
marcar límites estadísticos, caso contrario se tendrían cientos de datos sin
una categorización racional (Labastida, 1958). El investigador que emplee
los planteamientos bayesianos debe tener clara la noción de que los casos
deben ser recopilados objetivamente y que la ocurrencia no siempre será
constante, por ello apareció el criterio de frecuencia (Díaz, 2007). Esta
aclaración marca la distinción entre inducción y deducción.
Existe la noción de hipótesis en la metodología deductiva, pero la
fundamentación de estas depende de argumentos racionales, como leyes
o corolarios, que permitirán atribuir un valor de verdad al enunciado hi-
potético. En la inducción probabilística, en cambio, no existe una funda-
mentación primaria desde las leyes, porque no existe el establecimiento
de leyes iniciales, sino recopilación de datos; entonces, las hipótesis in-
ductivas carecen de un criterio de verdad estable, y su aceptación es direc-
tamente proporcional a las frecuencias derivadas de la experimentación.
Esto se debe a la categoría de exactitud en la que se desarrollan las
grandes magnitudes. En efecto la probabilidad, aún hoy, no entra en las
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grandes magnitudes, porque no las necesita, y funcionan ahí las leyes de
la física clásica. No se puede caer en una necesidad de entrar en lo pro-
bable, cuando el ser humano es un ser sensorial que requiere estabilidad.
El problema será mayor cuando pase similar efecto que hubo en la Mo-
dernidad: cuando el efecto de la física matemática influyó en la teoría del
conocimiento, pasando a una versión más centrada en el sujeto, pero con
referencias explícitas a los objetos.
De esa manera se obtiene una dualidad en la conceptualización
probabilística de una hipótesis, una probabilidad que parte de la hipótesis
y una que parte de los datos (Díaz, 2007). Este doble concepto permite
entender que, en la aplicación de la inducción, a pesar de buscar un punto
de partida desde el objeto, el sujeto tiene en sí estados mentales que lo
ayudan a ubicarse en lo que desea investigar, no es una mente en blanco.
Con esto no se da a entender que la probabilidad es una cuestión más
del sujeto que del objeto, debe tenerse cuidado con esa confusión, ello
porque, por ejemplo, la física de las micropartículas, por ejemplo, es es-
tudiable solo en la probabilidad, ello no es una subjetividad, ni una carga
psicológica. Esto supondría una suerte de crítica a la estructura de la in-
ducción probabilística, pero lo único que hace es ubicar los criterios con
los que se moviliza la probabilidad dentro de la metodología inductiva.
Como se apreció antes, el teorema bayesiano en ningún momento esta-
blece certeza sobre una hipótesis, no es su fin lograr un soporte deductivo,
sino que gradúa las creencias, su interés versa en dar soporte empírico a
las hipótesis a partir de los datos recopilados.
Uno de los temas que podría generar malestar en el investigador es
el uso de los conceptos de subjetividad y objetividad, ya que pareciera que
la literatura revisada inclina a la inducción hacia estados subjetivos casi
psicológicos del individuo; pero una revisión pausada sobre los mecanis-
mos utilizados en ambas metodologías, deductiva e inductiva, mostrará
que el interés de la inducción probabilística es consolidar el estado mental
de un sujeto, en este caso del investigador, a la luz de los datos objetivos,
de la medición estadística y de la confrontación de enunciados sobre la
realidad. Con base en esto, el teorema bayesiano en ningún momento tra-
ta con reglas de aceptación de la verdad o falsedad de una hipótesis a
partir de los datos, por más alta probabilidad que se obtenga, sino que
busca continuar el aumento de probabilidades a partir de la actualización
de datos (Psillos, 2004), dando a entender la cadena inferencial que se
estructura con la información recopilada.
La inducción probabilística proporciona una comprensión proce-
sual de la construcción del conocimiento. La sustentación dentro de un
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sistema de probabilidades de una hipótesis no lleva a establecer la verdad
o falsedad de esta, sino a conectarla con la probabilidad de una hipóte-
sis siguiente. Esa actualización constante es posible gracias a la continua
obtención de datos de la experiencia que otorgan mayor forma a las ex-
plicaciones científicas.
Al pensar en series de datos encadenados, en una lluvia intermi-
nable de información recopilada a partir de la realidad, se podría pensar
en un camino infinito de cálculos probabilísticos —y, de hecho, abre a la
comprensión de una ciencia inacabada, que siempre puede renovar sus
explicaciones— pero no debe entenderse lo anterior como una regresión
al infinito o un absurdo, sino que, con cada avance en la aceptación proba-
ble de las hipótesis, el conocimiento y la explicación científica se amplían.
El camino de expansión del conocimiento científico a partir de los
postulados bayesianos se puede entender cuando se ve la necesidad de
actualización constante de las teorías, y esto es posible con datos recientes
obtenidos por parte del investigador dando espacio, también, a los datos
recopilados por otros investigadores (Hájek y Hartmann, 2010).
Visto así, el modelo inductivo probabilístico bayesiano conjuga
elementos que le han permitido consolidarse como una visión integral
del conocimiento. Sentido, memoria y testimonio son clave en la cons-
trucción del conocimiento y constituyen peldaños que se sostienen mu-
tuamente; el objetivo de esa visión integrativa es la mejora constante de la
explicación del mundo. Esta comprensión de las teorías como búsqueda
de una explicación cada vez mejorada reporta relevancia en el quehacer
del investigador, puesto que el conocimiento no surge únicamente de las
razones establecidas por el sujeto, sino que este está abierto a las noticias
de lo empírico. Es evidente que para que esa construcción progresiva de
conocimiento sea posible las inducciones adquieren un carácter de gene-
ralidades (Kuipers, 2004), pero existe un límite en esas generalizaciones,
y es que su alcance está restringido al nivel de la hipótesis sometida a
evaluación probabilística, y alcanzará para establecer el grado de creencia
de la misma; en otras palabras, la generalización que se obtenga no es
elevada de inmediato a ley, no existe un salto racional tan amplio por el
riesgo de cometer falacias argumentales.
La inducción probabilística en el modelo bayesiano no proporcio-
na estados de verdad o falsedad de los enunciados; lo que se obtendrá es
una aproximación progresiva a la verdad, aunque dentro de estos criterios
no será posible establecer una verdad absoluta, a partir de la evidencia
observacional (Kuipers, 2004). Si bien la noción de verdad no se descarta
de este sistema, su función no es la misma que la atribuida en el modelo
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deductivo de certeza, sino que se transforma en un punto de referencia,
una especie de verdad nominal (Kuipers, 2004) desde la que se formulan
enunciados a partir de los datos.
Cabe aclarar que la verdad en la probabilidad no puede ser alcan-
zada por medio de la referencia, ya que aquello constituiría un aristote-
lismo y la probabilidad no es aristotélica. Los datos muestran la manera
de presentar el mundo, pero es desde la probabilidad que se reenfoca la
ontología. Entonces, ¿el mundo es aquel que parece verdaderamente?
Para los aristotélicos sí, pero para los probabilistas la respuesta es otra.
Por tanto, si la verdad-falsedad está relacionada con la exactitud, enton-
ces lo falso será lo probable, precisamente porque es indeterminado; pero
si la verdad-falsedad es relativa, lo exacto no es sino la apreciación de
un estado categorial de grandes magnitudes, es decir que el cerebro iba
canonizando las cosas de acuerdo con categorías según las leyes de las
magnitudes mayores; por ejemplo, cuando termina la materia, inicia la
energía. En cambio, a nivel relativo incierto y probable se descubre que
las categorías también deben cambiar cuando se ingresa al mundo de los
elementos fundamentales y de los elementos constitutivos: lo que a ni-
vel macroscópico aparecía separado, como categorías, en lo constitutivo
elemental era un enredo de relaciones, para lo cual no se daba la aptitud
para desentrañar ese mundo interior. Así, el valor de verdad está en la
movilidad y no en la exactitud.
La novedad del progreso metodológico del teorema de Bayes es-
triba en la capacidad de aproximación a la verdad que proporciona el
cálculo de probabilidades (Kuipers, 2004), algo que en deducción no tie-
ne relevancia y, por ende, limita las aseveraciones al proceso racional del
investigador, dejando de lado, o pasando a segundo plano, los informes
observacionales de la realidad.
Conclusiones
El método inductivo ha estado sometido a siglos de análisis, defensas y
refutaciones. Se vio que muchos pensadores han dado valor a sus alcan-
ces, pero al mismo tiempo ha tenido que sortear varias limitaciones me-
todológicas para satisfacer los requisitos teóricos que lo consoliden como
un método válido para la justificación del conocimiento.
La inserción metodológica clave para el despunte de la inducción
fue la probabilidad, ya que esta cumple los requisitos matemáticos formales
que no pueden dejarse de lado en ciencia, la fundamentación matemática
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de las teorías. En este sentido se ha evidenciado la idea de que la inducción
nunca satisfará el concepto de certeza; esto porque la certeza corresponde
a un campo metodológico diferente, la deducción. De hecho, muchas con-
fusiones y refutaciones se han dado porque los filósofos de la ciencia anali-
zaron la inducción probabilística con los lentes de la deducción basada en
certezas, lo que conlleva a una inconmensurabilidad metodológica.
Inducción y probabilidad no tuvieron inicios similares, sería un
equívoco decir que la probabilidad pertenece a la inducción y viceversa.
Como se vio en el desarrollo de esta argumentación, los cálculos proba-
bilísticos tuvieron inicios poco formales, en campos de diversión como
los juegos de azar, mientras que la inducción desde su inicio ha estado
conectada a la filosofía y, luego específicamente, a la rama conocida como
epistemología. Además, las probabilidades no restringen su uso exclusivo
para el método inductivo, ya que también se podrían emplear cálculos
de probabilidades en teorías deductivas; esto por el soporte matemático
estadístico que conlleva la medición de posibilidades de ocurrencia.
La especificidad que tiene la probabilidad para la inducción es
que su punto de partida no está supeditado a conceptos preestablecidos
por el investigador, sino que se basa en la recopilación del dato fáctico,
de las ocurrencias, y con esto empieza a nutrir al conocimiento. Se tiene
en cuenta que esto podría conducir a una falacia de falsa generalización,
pero si se emplean adecuadamente los cálculos de probabilidades, evitan
esta falacia. Además, la falacia queda descartada al entender que el interés
del cálculo no es llegar a la certeza de lo verdadero o de lo falso, sino lo
más o lo menos probable, es así como una probabilidad nunca será de 1 o
0 (verdadero o falso en su correlato lógico deductivo), sino que se mueve
entre estos valores.
La propuesta de Bayes al principio de probabilidad en beneficio de
la metodología inductiva sirvió para entender el camino que este método
debía seguir para encontrar mejores criterios de validación, y dio paso al
desarrollo y aceptación del mismo gracias al soporte estadístico que guía
la recolección de información. Pero, a pesar de la acogida que tuvieron los
postulados bayesianos y los avances que dieron sus seguidores en materia
de revisión de fórmulas para garantizar criterios de validez mejorados, la
inducción y su soporte probable fueron centro de observaciones y críticas
metodológicas. Sin embargo, en la actualidad la comprensión en episte-
mología no es que la ciencia tiene teorías verdaderas o absolutas, sino que
se abrazan las teorías probables, y es la probabilidad la que ha permitido
el desarrollo de teorías en el último siglo. Con esto no se asevera que la
deducción quede al margen o ya no sea considerada como método en la
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actualidad, ya que sigue estando vigente, pero no soslaya las posibilida-
des que la inducción probabilística ofrece. La comprensión de la filosofía
y ciencia a partir de estos criterios permite extender la argumentación
hacia mundos posibles. El aporte de este método al conocimiento ha
sido que permite romper las comprensiones absolutas o dogmáticas para
avanzar hacia las posibilidades argumentales sin abandonar el soporte de
la realidad.
Notas
1. Es importante tener en cuenta que cuando se trata de inducción, el punto de partida
no son premisas, sino hechos, pero en la teoría lógica se emplea el término “premi-
sa para referir la relación en la estructura del argumento inductivo.
2. Se llaman “hipótesis en competencia a aquellos supuestos que tienden a explicar
una realidad desde dos perspectivas conceptuales no necesariamente similares.
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© Universidad Politécnica Salesiana del Ecuador
ISSN impreso:1390-3861 / ISSN electrónico: 1390-8626, pp. 341-372.
Función de la inducción y la probabilidad en el desarrollo de ciencia y losofía
e Role of Induction and Probability in the Development of Science and Philosophy
Declaración de autoría-Taxonomía CrediT
Autores Contribuciones
William Orlando Cárdenas Marín Conceptualización, análisis formal, investiga-
ción, visualización, escrito, borrador original.
Rómulo Ignacio San Martín Investigación, metodología, análisis formal,
escrito, revisión y edición.
Declaración de uso de inteligencia articial
Los autores William Orlando Cárdenas Marín y Rómulo Ignacio San Martín, del ar-
tículo titulado: “Función de la inducción y la probabilidad en el desarrollo de ciencia
y filosofía, declaran que la elaboración del documento no contó con el apoyo de
inteligencia artificial (IA).
Fecha de recepción: 15 de julio de 2024
Fecha de revisión: 20 de septiembre de 2024
Fecha de aprobación: 20 de noviembre de 2024
Fecha de publicación: 15 de julio de 2026