
347
Sophia 41: 2026.
© Universidad Politécnica Salesiana del Ecuador
ISSN impreso:1390-3861 / ISSN electrónico: 1390-8626, pp. 341-372.
W O C M R I S M
deductivo. Por su parte, cuando Bacon insertó el criterio de eliminación
cambió la consideración para aceptación de hipótesis.
En el método baconiano, al no haber datos suficientes que sosten-
gan un planteamiento hipotético, se procedía a dar paso a otra hipóte-
sis en competencia que ha tenido menor cantidad de datos eliminados.2
Ello podría sonar a una especie de falsación (Popper, 1980 y 2007; Pérez,
2004), ya que constituye una especie de psicologismo que no tiene susten-
to lógico, dada la ausencia de una dimensión lógica que la sostenga, pero
no incluye los elementos teóricos requeridos para que se considere como
tal. Para Bacon era necesario que se manipule el mundo con la finalidad
de escudriñar sus secretos (Hacking, 1996).
Lo anterior indica el proceso que tuvo que puntualizar Bacon para
una mejor comprensión de la realidad, y sucede que en la experimenta-
ción el investigador es capaz de salir de la noticia primera de los sentidos
y manipular la realidad para que arroje datos que apoyen o contradigan
las hipótesis. Sin embargo, el proceso inductivo de este pensador no es
suficiente para decir que la probabilidad entró como principio rector, ya
que Bacon aún tenía confianza en la obtención de la certeza (Black, 1979).
Así, no se deben entender sus avances como un paso abierto a las proba-
bilidades, porque en ese momento se desarrolló la física exacta con apor-
tes en gravedad y electromagnetismo. Solo a partir del siglo XX inició
la probabilidad como la comprendemos actualmente, precedida por los
postulados bayesianos del siglo XVI. La certeza continuó siendo, para Ba-
con, un criterio que debía satisfacerse. En esa vía entendemos que, si bien
existía cercanía con datos de la experimentación, estos siguieron anclados
en la necesidad racional, en la certeza derivada de la deducción (Stadler,
2004; Wilson, 1985). Con esto se entiende que la probabilidad, aún en la
inducción del siglo XVI, no es posible, porque se trabajó con el criterio de
exactitud y de relaciones de grandes masas.
En otras formas más simples la inducción apareció como un eje
rector, pero escondía un cuerpo deductivo bastante marcado, manifes-
tando que el asiento de la metodología inductiva, al menos en la teori-
zación de la época, respondía siempre a un esqueleto deductivo. Esto se
hizo presente en varias formas de aplicar experimentación, incluso en la
actualidad se aprecia esto cuando, por ejemplo, en un laboratorio un do-
cente establece las condiciones para realizar un experimento, pero antes
de realizar el experimento, los estudiantes realizan cálculos matemáticos,
entonces, una vez dados los resultados se pueden conocer, con aproxi-
maciones bastante certeras, los valores que el experimento reportará; es
posible, incluso, despojarse del componente real o material, dado que los