
253
Sophia 41: 2026.
© Universidad Politécnica Salesiana del Ecuador
ISSN impreso:1390-3861 / ISSN electrónico: 1390-8626, pp. 247-276.
M O G
es aquello que nos recuerda nuestra propia animalidad, aquello que se
vincula con la vulnerabilidad a la descomposición, desecho y finitud.
A pesar de que la repugnancia o el asco presentan una base evolu-
tiva siendo así una respuesta adaptativa de protección del organismo, esta
emoción está presente en muchos aspectos de las relaciones humanas,
puesto que proporciona una poderosa forma de transmitir valores cultu-
rales. Mediante la evolución cultural, los desencadenantes del asco se han
ampliado incluyendo objetos y su concepción sobre los mismos que van
mucho más allá de las preocupaciones humanas sobre la supervivencia.
En ese sentido, se entiende que el asco no es meramente una reacción
fisiológica, sino que también es una “emoción cargada, repleta de conteni-
do cognitivo, vinculada a creencias, asociaciones de ideas y percepciones
(muchas veces totalmente irreflexivas) y que tiene que ver con una conta-
minación imaginaria o metafórica, más que con una contaminación real”
(León, 2014, p. 28).
De esto se entiende que el asco viene influenciado en gran medida
por el aprendizaje social. En consecuencia, al “enseñar qué y cómo tener
asco, las sociedades cuentan con un recurso eficaz para canalizar ciertas
actitudes” (Nussbaum, 2008, p. 239). De este modo, la emoción adquiere
un fuerte contenido social, político y moral, ya que “la sociedad influye
enormemente en la forma y dirección que toma la repugnancia, es de-
cir, a la hora de determinar los objetos que nos parecerán repugnantes”
(León, 2014, p. 25). Así, el asco y su proyección, en cierto modo, vienen
influenciados por las diferentes tradiciones, políticas sociales, educación
y prácticas culturales. Se entiende de este modo que las fuerzas culturales
pueden favorecer la asociación entre cualidades típicamente repugnan-
tes y ciertas clases de personas, provocando así respuestas de asco hacia
determinados grupos sociales, un tipo de asco hipertrofiado, un asco que
deshumaniza. Surge así, una dinámica social basada en el miedo y la se-
gregación, en la que el asco ya no es solamente proyectivo, sino también
moralizado, fomentando que se incluya a los otros dentro de grupos mo-
ralmente cuestionables (Pinedo, 2020).
Este tipo de emociones, de la familia de la aversión, como el asco,
el miedo y el odio, influyen, generan o acrecientan distinciones sociales
de todo tipo, que pueden ser tanto de rango, religión, raza, etnia, género.
Ante tal categorización se establece una jerarquía, puesto que existe un
grupo que se afirma superior al resto, llegando a sentirse invulnerable.
Las jerarquías, aunque son un componente de nuestra herencia evolu-
tiva, llevadas a este límite de competencia por la superioridad, suponen
un obstáculo para el reconocimiento de la igualdad en dignidad humana