
130
Sophia 41: 2026.
© Universidad Politécnica Salesiana del Ecuador
ISSN impreso:1390-3861 / ISSN electrónico: 1390-8626, pp. 111-139.
El cultivo de competencias democráticas en la sociedad del siglo XXI
Cultivating Democratic Skills in the 21st Century Society
que aprenda a comprenderse y comprender mejor a los otros, constituyen
herramientas pedagógicas valiosas para la inclusión y el éxito educativo
(Tamarit López, 2022). El alumnado que aprende a desenvolverse en este
tipo de metodologías, acaba por tornarse más empático, desarrolla habi-
lidades que le permiten asumir su responsabilidad y tomar conciencia de
cuáles son sus capacidades y valorarlas, mejorando su autoestima y apre-
ciando también el valor de los otros. De esta manera, va forjándose un ca-
rácter más autocrítico, autoconsciente y responsable, con autonomía para
tomar sus propias decisiones y apreciar las decisiones para la comunidad.
Se aprende a alcanzar acuerdos en cooperación con otros y considerando
otros modos de afrontar situaciones o problemas, saliendo de la postura
egocéntrica y ampliando el horizonte de sentido.
Estos aprendizajes son clave también para educar a una ciudada-
nía activa y responsable. Los programas de educación emocional que se
desarrollan en las aulas, como ya hemos dicho, persiguen el bienestar
emocional, social y personal, de los miembros de la comunidad educativa
(Ferragut y Fierro, 2012). Esta mejora del bienestar promueve una convi-
vencia positiva, en tanto que previene de una serie de disfunciones y así
mismo empodera a las personas para abordar y resolver los conflictos de
manera pacífica. Por eso no solo se incluye a las personas, sino también se
promueve una cultura de paz.
Las personas que desarrollan su inteligencia emocional cuentan
con habilidades socioemocionales que les permiten comprenderse mejor
a sí mismas y expresar sus sentimientos y emociones de forma asertiva.
También son más empáticos y comprenden mejor a los otros, tomando en
cuenta esos otros intereses y resolviendo los posibles conflictos que surjan
de manera pacífica, minimizando la violencia y poniendo en valor el diá-
logo. Sin embargo, resulta imprescindible asociar este tipo de educación
emocional con una educación ético-cívica que la sustente, que la justifique
desde razones que conectan con los fundamentos de una sociedad demo-
crática. Por consiguiente, no solo se trata de lograr bienestar, emocional o
social, sino también de vivir bien, en el sentido ético estricto, esto significa
alcanzar una vida buena, realizar un proyecto vital, que razonablemente
valoramos (Tamarit López, 2022). De esta manera, se adquiere un com-
promiso con unos valores éticos que apreciamos y que en las sociedades
democráticas se encarnan en la realidad compartida como fundamento
de toda vida buena. Estos valores ético-cívicos, ya mencionados anterior-
mente en diversas ocasiones en este escrito, son: el respeto, la igualdad, la
solidaridad, la compasión, la justicia, la libertad y la integridad (Santis-
teban et al., 2018). Los valores permiten al ser humano acondicionar el